lunes, 18 de mayo de 2026

L EDICIÓN DE RELATOS FUNDAMENTALES (EDICIÓN ESPECIAL 50!!): "Relatos fundamentales"


Tema: Esta vez, con motivo de la edición nº50, rendimos homenaje al propio nombre del Blog, nunca antes usado para inspirar nuestras creaciones literarias, de manera que el tema es "Relatos Fundamentales", pudiendo interpretarse esto como meta tema o como cada uno quiera

Método de envío: Cada relato será un comentario anónimo en la entrada del blog.

Extensión: libre (pudiendo hacer tantas partes como se desee en sucesivos comentarios).

Fecha límite: Sábado 23 de mayo hasta un microinstante antes de empezar a leer.

Lugar: casa de Gonzalo y Tatiana.

Lectura de los relatos y averiguación de identidades: La identidad de los y las escritores y escritoras será una incógnita hasta que deje de serlo. Los relatos serán repartidos entre los participantes (presentes o virtuales) aleatoriamente para su lectura, salvo que algún autor prefiera leer el suyo propio por cualquier motivo. Se recomienda como siempre una lectura previa de todos los publicados. Se podrán hacer elucubraciones sobre las autorías según se vayan leyendo, pero no se revelarán realmente hasta haber terminado la lectura de todos los comentarios. Como marca la tradición, uno puede negar su autoría por el juego, la broma o por hacerse el misterioso e interesante, pero la triple negación está prohibida.

Organización de la siguiente edición: a determinar durante la noche de la presente edición.


13 comentarios:

  1. Relato fundamental

    Es reír juntos.
    No basta una sonrisa, ni una breve risa. No. Es necesaria una carcajada prolongada y de incontrolable volumen. Una carcajada que irrumpe descarada, rompiendo las capas de años con equivocaciones. Pulveriza montañas de ligeros abandonos: aquella vez que no me consolaste, ese otro momento que no me levanté para abrazarte. Una carcajada que, de un manotazo, quiebra el muro de cristal de reproches y de quejas pegajosas que lo van ensuciando, torpedeando la visión. Una carcajada ruidosa volatiliza los sedimentos de sueños no cumplidos y de excesivas cargas.
    Un relato fundamental ha de ser, necesariamente, sin palabras. Sólo el sonido de tu risa con mi risa, descontroladas, caballos salvajes en un campo hermoso y solo habitado por ellos.

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  2. El fundamento de los relatos

    Primer Acto.
    No tiene por qué ser bueno. Puedes escribir mal. Anímate. Vértigo. Una invitación a una cena. En una casa ajena. Escribir. Pica eso de escribir. Cuánto tiempo con palabras guardadas. Masticadas. Tal vez sea hora de escupirlas y ver qué pasa. Un tema sobre desarrollos paralelos. Que interpreto no sé de qué manera. Y no sé por qué, me atrevo. Vuelco palabras en un comentario anónimo de un blog. Enter. Aceptar. Hice mi parte. Ya no puedo borrar. Mierda. Vergüenza. Apaciguo el miedo leyendo en la seguridad de mi casa, en mi ordenador, los otros comentarios. Me río. Me sorprendo. Qué bueno este. Y este otro. Me hacen pensar. Me mueven cosas. Qué cabeza estará detrás de cada relato. Qué historia habrá detrás de cada relato...
    Ahora toca ir. Estar. Y voy. A pesar de la coraza, de la timidez que me abriga. Voy. Me lanzo al agua. No tiene por qué ser bueno. No habrá pirañas.

    Cruzo la puerta. Bienvenida. Acogida amable. Sonrisas. Una cerveza. Compartir. Comida. Nuevas caras que se volverán fundamentales. El momento lectura. Leerlos. Que me lean. Es un poco desnudarse. Y me sonrojo al ser leída. Y cómo disfruto al leer. Las risas. El juego. Saborear cada relato en el misterio y la divagación. Qué habrá querido decir cuando decía... A alguien le recordó a aquella vez que otro escribió aquello... Si no es de nadie será de alguien que no ha venido. No lo ha escrito nadie. Lo hemos leído todos. No tenía que ser bueno. Y ha sido mejor.

    Segundo Acto.
    Y así cena a cena. Casa a casa. Habitamos cada tema. Visito vuestros relatos como quién visita un refugio. Exploro también mundos propios desconocidos. Me permito equivocarme. No hay aciertos. Qué libertad. Juego al engaño. Aprendo datos curiosos. Juego, jugamos, a adivinar. Aprendemos quienes somos, quienes podemos ser.

    Y crezco.

    Tercer Acto
    No son cenas. Son vórtices a otras dimensiones. Palabras como hilos. Cables. Que tejen, conectan, encienden, inspiran. Piezas de un puzzle donde lo importante son las manos que las sostienen.
    El fundamento es el encuentro.
    Adictivo. Tanto que aún sin presencia física escribo. Desde el otro lado del charco. Desde la distancia medida en hijos, kilómetros o simple falta de tiempo. Escribo aunque lo haga mal. Aunque a veces no escriba. No tiene por qué ser bueno. Y resulta que es todavía mejor.

    GRACIAS Fundamentales

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  3. No necesariamente en China, por amor de Dios.


    Han pasado quince años y quieres que actuemos como si nada. Quince años, lo sabes, son demasiado largos como para ignorar que has cambiado irremediablemente. Antes de llegar (y sentarte en ese rincón de la mesa) llegaste a pensar que nadie iba a darse cuenta. No cuela. Han pasado demasiadas cosas, cosas que dejan marca. Estos quince años han pasado para todos. Sí, no eres especial. Nos ha dado tiempo a estar bien y mal. A veces jodidamente bien y, otras, jodidamente mal. Quince años, al fin y al cabo, dan para mucho. Dan para ir y venir. Para sentir extrañeza al llegar, y al regresar. Para sentir alivio, miedo, alegría... ¿Qué se yo? De todo. Son quince años.

    Y sin embargo, míranos, aquí estamos. No intentamos disimularlo. Son quince años y nadie se esconde tras un par de birras. Hemos venido con nuestros relatos y nadie se plantea usarlos como parapeto. Tú sí. Sí, tú sí. ¿Por qué? ¿Qué buscas? No tenías que haber escrito. No tenías que haber escrito sin aceptar que han pasado quince años.

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  4. No hemos tenido suerte. Podríamos haberlo pasado en grande, eso está claro, pero no hemos tenido suerte. Los dos sabemos que era este verano o nunca. Era ese viaje. Esa era nuestra semana. En septiembre empiezas ese puto trabajo, y yo, ya lo sabes, no soporto ese mundo en el que te estás metiendo. Si mi plan hubiera salido bien, quizás (quizás quizás quizás) hubiera conseguido poner todo patas arriba y hubiésemos podido surfear juntos todo el caos que se hubiese generado. Tú también tenías un plan, lo sé. Se te notaba en la cara el otro día. No sé muy bien qué final le ponías a esta historia, pero también empezaba en ese viaje. Sabías que era esa semana, este verano, que no habrá más viajes a partir de septiembre. No sé decirte cuánto hubiéramos durado. No sé si hubiese merecido la pena. No creo, la verdad, la vida a estás alturas es demasiado complicada. Nos hubieramos hecho unos cuantos arañazos, sí, unas cuantas cicatrices. Tampoco vamos a dramatizar. No hemos tenido suerte y ahora nuestra historia cabe en un pequeño relato.

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  5. Al escapar Venus y su hijo Cupido del temible monstruo Tifón convirtiéndose en peces, dejaron por accidente fuera de la cuerda, a Tavis, hermano gemelo de Cupido. También convertido en pez, Tavis se perdió arrastrado por la enfurecida corriente del rio Eufrates, que marcaba los límites del imperio romano con oriente. Tavis, sintiéndose traicionado por su madre y hermano, emprendió rumbo al Olimpo en busca de su ilegitimo padre, Marte, para que lo ayudara en la venganza. Celoso del encanto de Cupido, Marte accedió y determinó castigarlo arrojando una lanza envenenada a su cabeza. El veneno le condenaría a vivir el resto de sus días sin memoria.

    Las noches, cuando podía recordar quien era, Cupido las pasaba despierto con su esposa Psyque, a quien amaba con locura en la oscuridad. Durante el día, enfrentaba la eterna lucha con las Furias que le enviaba Marte, aunque nunca recordara cómo las vencía. Psyque, temerosa de una muerte segura de su amado, le dejaba escrito en la cera que caía de su vela, los recuerdos que le faltaban a Cupido, para poder enfrentar la siguiente emboscada. Psyque ordenaba a los espíritus protectores del hogar que, tan pronto Cupido hubiera leído la tablilla de cera, estos la derritieran para evitar que Marte y Tavis, descubrieran la astucia.

    Pero la caligrafía de Psyque era tan cautivadora, y las historias que narraba tan apasionantes, que los espíritus empezaron a guardarse las tablillas, como guardaban el resto de enseres de la casa. Las hazañas de Cupido por el día, y las dulzuras que se decía con Psyque por la noche, y que esta escribía para él, llegaron a oídos de Tavis, provocando su cólera. La envidia lo hizo esperar a la noche y lanzar a Psyque una flecha de plomo, con la que ésta sentiría un inmediato rechazo hacia Cupido, privando a éste, del único placer que tenía tras el castigo de Marte.

    Conmovidos por el sufrimiento de Cupido ante la indiferencia de su amada, y culposos por lo ocurrido, los espíritus enseñaron a Psyque los relatos escritos por ella misma, y que nunca llegaron a destruir. Sus propias letras, abrieron poco a poco su corazón, y pudo volver a amar a su marido como antes. Desde entonces, se usó el poder de la palabra escrita para transmitir las verdades en el Olimpo, tal y como recoge Apuleyo en el mito fundacional del relato.

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  6. ¿Y si hubiese un túnel?
    Uno que te deja pasar cuando se lo pides
    O que te invita cuando lo necesitas
    En él encuentras cobijo
    En su cobijo te logras encontrar

    Pasan los años y notas que cambias
    No lo digo para mal,
    ¿No es la vida cambio?
    Te distancias, te acercas
    Cómo los planetas a sus soles

    Gravitas en la libertad
    El túnel es ahora tan amplio
    Siempre lo ha sido
    Solo te acabas de dar cuenta de que nunca fue de otra manera

    El éter de la inspiración
    La sombra de una gran historia que se te escapa
    Se ha caído por la esquina de tu memoria
    Lo siento!
    Eso te pasa por mirar el móvil

    ¡Sujeta esa idea!
    Dale forma, sin prisa
    Moldéala
    besa su silueta
    Enamórate y sufre el desengaño

    No la dejes escapar
    Es una llave
    Úsala
    Tomarás el control del túnel
    No te olvides de apagar la luz al salir

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  7. Hay un relato en mi
    ¿Qué es lo fundamental y qué es accesorio? ¿Cuántas palabras sobran y cuántas faltan? ¿Ser físico es fundamental? ¿Y ser hijo? ¿y padre? ¿seguiría siendo yo sin ser hetero? ¿Cuál es el relato que acompañará mi vida, cual trascenderá a mí muerte? ¿Cuál de todos los istmos y roles abrazados es fundamental? ¡Qué hueco tan grande! Nada es fundamental! Son solo ideas, trazos prestados, a veces impuestos, a veces auto impuestos. Ah! pero qué alivio! Cómo no aferrarse para surcar el mundo a esta gran vela que es la identidad.
    Han pasado 15 años y con ellos tantas novedades. Dejarme mecer por lo nuevo, descartar lo antiguo, retornar a lo anterior, y de nuevo cambiar de rumbo con un golpe de timón.
    ¿Quién quiero ser? ¿Quién soy? ¿Quién seré?. A veces me imagino observada por personas a las que admiro y eso me lleva a comportarme de forma ejemplar. Pero ay cuando no miran! ¡Qué difícil mirarse a uno mismo! ¡Cuánto que tragar! ¡Cuánto que perdonar! Han pasado 15 años y yo ya no soy yo ni tampoco quien he sido. No se que es lo fundamental, solo se que algunos relatos adornan mi hueco. Palabras propias, palabras prestadas, palabras que me anudan y me enraizan. No soy nada y todos ellos. Hay un relato en mi

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  8. NOTA PARA EL LECTOR: ACOMPAÑAR LA LECTURA DEL HALLELUJAH DE LEONARD COHEN.


    NIKITA. 4 de julio. Al atardecer.

    Controlo el radar, a través del espejo retrovisor, mientras adelanto al camión. Voy al límite de velocidad. Sol de justicia en Cantabria. Carretera vacía. Escenario apocaliptico. Me recuerda a la pandemia, como si me hubiese metido en la máquina del tiempo. Pero no. Son unas intravacaciones. No necesariamente en China, por favor. En la habitación de hotel de siempre.

    Aunque a veces fantaseo con mudarme, por no levantar sospechas.

    "Destino: lo prohibido. Ha llegado". Apago el motor. Leonard Cohen, la voz que emerge de la radio, se desvanece.

    Abro la guantera. Ilustrada con un retrato que me hizo mi sobrina. Con una pistola. Esta imaginación infantil... Hoy en día los sicarios usan armas de fuego, algunos, incluso recurren a la IA para que se las fabriquen. Yo no. Rebusco mi cuchillo cuarteado, sustraído de la cocina de mis padres, en la guantera. Huele a tortitas, encuentro el paquete, me como una, tengo hambre. Las aparto de mi vista, no es cuestión de darse un atracón. Por fin aparece el cuchillo. ¡¡¡Ay, si pudiera hablar!!!

    Cierro la guantera. Tomo mi bolso de Desigual. Introduzco el arma blanca y la nota, "Manuela, nunca te lo perdonaré". Salgo del coche. Me siento empoderada.


    MARIO. 4 de julio, al atardecer

    ¡Cómo me gustaría estar cachas, igual que los miembros de la selección de remo! Pienso, mientras me quedo hipnotizado con el vaivén de los remos. Metódicos. Sin fallo. Como autómatas.

    De repente, se abre paso una figura. Una mujer. Delgada, atlética. Gafas de sol. Determinación.

    Todo sucede vertiginosamente. Mi corazón se acelera, mis músculos, mis tripas, se paran. Estoy horrorizado. Pensaba que estas cosas sólo podían ocurrir en un vagón de metro, en una gran ciudad anónima. No a Ramón. El entrenador de la selección de remo.


    Gritos. Algarabía. Vértigo. Oigo que alguien llama al 112. Mi terror crece. La figura se aproxima hacia mí.

    -Qué buen tiempo, quién diría que estamos en el Cantábrico -me dice, con una sonrisa que da miedo. En serio, ¿Un tema de ascensor?


    NIKITA

    No puedo culpar al pobre chaval de no responder a mi cortés comentario sobre el clima.

    Tenía que haber matado a Manuela, pero luego, y sin poderlo evitar, de un tajo le cercené la cabeza a Ramón, marido de Manuela, que había encargado el asesinato de ésta. Una feminista es una feminista.

    A lo lejos se oyen sirenas. ¡ Pies, para qué os quiero! Arranco el motor. Vuelve a sonar Leonard Cohen. Es una señal? Habrá espíritus?


    Fdo: Los relateros.
    Trocitos de ideas nuestras,
    Marcas indelebles,
    Grabadas a fuego
    A través de la distancia,
    El espacio y el tiempo.

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  9. Miró el rollo de papel. Estaba acabado. ¡Oh, no!

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  10. ¿Qué es lo fundamental?
    Un rayo de luz teje sombras y colores bajo el agua en el Cabo San Martin. Allí donde los Alpes van a morir al mar. Y sólo se escucha el rumor de la eternidad en forma de pequeñas olas contra las rocas, breves y perennes. Y las risas y gritos de algunos niños lejanos. No molestan. Y el zumbido distante de alguna embarcación a motor. Y sopla una brisa templada encantadora, que alegra y da aliento a las telas hinchadas del foque y la mayor y mece los mástiles y botavaras de veleros blancos fondeados al sol, apuntando con sus palos mayores al cielo, como un bosque que no ha conocido la montaña. Me quedaría allí buceando entre los peces indiferentes, en esa Costa Azul que hace no tanto visitaba la pobre María Teresa León, cuando fueron a ver a Picasso durante su exilio, para poder sentir un poco más cerca a su España vetada. Pero María Teresa anhelaba algo que ya no existía. La España de Lorca y Machado había muerto y en su lugar, tan sólo quedaba una tierra yerma poblada por siervos de las clases dominantes, por gentes analfabetas de mantilla negra de luto, fanatismo religioso sembrado en campos de ignorancia y, como decía la propia María Teresa, sin conocer otra cultura que la dominación, los prejuicios y las supersticiones, miraban con ojos oscuros como siglos… Al sacar la cabeza del agua, veo un cormorán. Está muy cerca y se deja admirar mientras se acicala las plumas, esas que sirven tanto para volar como para bucear. ¿Cómo puede existir un lugar con tanta calma? Y tanta historia… Las aguas turquesas y transparentes me dejan un recuerdo de sal en la boca y el viento ligero trae el aroma de la parrilla de algún restaurante tranquilo, ahí en la playa, donde sobran mesas libres y platos para elegir y deleitarse. Y luego un buen libro a la sombra, sobre la arena, que no es más que roca tamizada por lo eones, grano a grano, seleccionados por incontables gotas de lluvia y soplos de viento. Y olas. La misma arena que pisaron los soldados en aquel desembarco de la Segunda Guerra Mundial que los carteles aquí y allí nos recuerdan. Algunos republicanos españoles estuvieron allí, con la esperanza de que después los aliados virarían al sur para atravesar los Pirineos y terminar de una vez la pesadilla empezada en el 36. No tardaría mucho en marchitarse y evaporarse aquella ilusión desesperada.
    Y luego al atardecer, nuestros pasos, acompañados de nuestras conversaciones y risas y nuestras manos pringosas por el helado, nos llevan por el paseo marítimo solitario, escoltados por matorrales mediterráneos y pinos y aromas limpios que vienen de la tierra ardiente y el mar alpino. Al volver se hace de noche y las luces como constelaciones del pueblecito de Roque Brune nos sobrecogen. Trepan por las montañas pegadas al mar en una coreografía digna de una galaxia, con el fondo del cielo aún anaranjado de fuego y la bruma subiendo por las rocas salvajes.
    ¿Qué es lo fundamental? No lo sé, pero por alguna razón pienso mucho en aquella playa del sur de Francia, contigo…

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  11. ¿Quiénes eran los fundamentalistas? Aquellos escritores anónimos que dejaron su huella digital en aquel Internet primitivo… Es difícil de saber con lo poco que se ha conservado de ellos. Apenas unos relatos, alguna poesía, muchos de ellos de una calidad y frescura literaria que hoy ya se ha perdido. Por lo que se ha podido conocer al estudiar los restos del servidor encontrado, lleno de daños y lagunas de datos, realizaban encuentros periódicos, parece que organizaban cenas entre ellos. Hay fechas y lugares exactos, aunque indefinidos, como casa de Elena o casa de Paula. Y por lo que se deduce debían tener sus propias tradiciones, normas y temáticas. Al menos se realizaron cincuenta de aquellas veladas, por la numeración romana que seguían. Y salvo por la reliquia en papel que se encontró en muy mal estado y que me llevó a iniciar la investigación, no se les conocen publicaciones, lo que sólo puede responder a la ausencia total de intenciones comerciales o monetizadoras y probablemente también a su genuina inconsciencia del valor de lo que estaban haciendo. Esa ligereza y espontaneidad que permite el desarrollo del grupo literario de forma despreocupada a lo largo de varios años, convirtiendo las ingenuidades y simplezas que riegan su obra maestra, en elementos enriquecedores de su estilo, dota aún de más valor a este hallazgo de la literatura universal, hasta ahora desconocido para el gran público. Como un detective salvaje de Bolaño, me encantaría poder entrevistar al menos a algunos de estos escritores tan creativos. Me pregunto cómo serían aquellos encuentros literarios, de los que sólo podemos deducir algunas bromas y costumbres. Me pregunto qué demonios pasó con la selección cántabra de remo, mencionada tantas veces… Quizá algún miembro del grupo era regatista… pero sólo se puede elucubrar. Apenas sabemos que había mujeres y hombres, pero poco se puede afirmar con certeza sobre las autorías de cada relato encontrado.
    Así que… ¿Quiénes eran los Fundamentalistas? Cómo me habría gustado estar en alguna de aquellas cenas…

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  12. Viejas nuevas tradiciones,
    Tiempos y espacios creados,
    Mantenidos.
    Cuando lo cotidiano aleja,
    Cuando el tiempo falta,
    Nos fuerzan de vuelta,
    Y nos abrazan

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  13. Soñé que corrías, le había dicho a su madre esa misma mañana. Y ese pensamiento, de una u otra manera le había acompañado durante todo el día. Desde su silla de ruedas, su madre le había devuelto una sonrisa que le pareció enigmática. Al principio, no supo interpretar su gesto, pensó si le había molestado, pero no parecía. Había algo en su gesto, en su mirada que no comprendía. Un mensaje sin palabras, en un lenguaje que solo ellos podrían interpretar. Al menos eso imaginaba, ya que se había ido corriendo al trabajo, sin tiempo para confirmar ninguna de estas divagaciones.
    A la hora del café, estos mismos pensamientos le llevaron a aquella vez que de niño jugaba a echar carreras por la playa con su ella. Él era muy pequeño, suponía que unos 6 o 7 años. La arena era blanca, y la playa estaba vacía, excepto por unos misteriosos bichitos blancos que de vez en cuando salían de agujeros que excavaban en la arena para rápidamente volver a esconderse. Recordó la pura alegría de correr a toda velocidad, con su madre persiguiéndole detrás, los dos riéndose a carcajadas.
    No sabía explicarlo, pero ahora le parecía esencial recodar cada uno de los detalles de ese día, de esa playa. De ese universo formado por unas olas que rompían en la orilla y ellos esquivaban mientras corrían, por una arena tan blanca como nunca había vuelto a ver, por unas carcajadas y unos misteriosos bichitos blancos, por la brisa que les removía el pelo. Todos y cada uno de esos elementos formaban, ahora lo entendía, las palabras de un lenguaje secreto, excepto para ellos dos. El lenguaje en el que su madre, esa misma mañana, le había tratado de contar, escondido en una enigmática sonrisa un relato sobre sus vidas. Su relato fundamental.

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